El hombre vive prisionero del lenguaje. Con las palabras juega, se apoya en ellas, las acomoda a sus intereses y lleva su significado como mejor le parece. De este modo, denominando una cosa por otra, podemos alcanzar el fenómeno de la confusión. Un ejemplo muy claro y evidente es la moda actual de llamar «amor» la verdad no reside en su utilidad. De lo contrario, podemos caer en algo que es a las relaciones sexuales sin más. La esencia de hoy frecuente: aceptar la verdad, pero a condición de hacerla hija de nuestros deseos.
El hombre light